10 posturas para hacer una felación esta noche (de relajadas a salvajes)
10 posturas de felación que le dan la vuelta a lo de siempre
Él está sentado en el borde de la cama y ella, de pie entre sus rodillas, todavía vestida, se toma su tiempo. Le empuja hacia atrás por el hombro, despacio, a propósito, y se arrodilla sin dejar de mirarle a los ojos. Aún no ha pasado nada. Pero cómo se acomoda ella y cómo suelta él el aire, como si llevara todo el día aguantando la respiración: eso es lo que él va a revivir mañana. La postura llegó antes que el placer, y marcó la temperatura de todo lo que vino después.
La mayoría de las parejas practican el sexo oral siempre igual: uno de rodillas o tumbado entre las piernas del otro, mismo ángulo, mismo guion. Funciona, y precisamente por eso nadie se lo plantea. Pero la postura cambia quién tiene el control, hasta dónde se puede llegar, qué pueden hacer sus manos y cuánto aguantan la mandíbula y el cuello de ella. Cambia la geometría y cambiará toda la experiencia. Aquí tienes diez posturas de felación que merece la pena aprender, desde los clásicos perezosos de domingo por la mañana hasta las que dejan las sábanas hechas un desastre.
En resumen
- Las mejores posturas de felación equilibran tres cosas: la comodidad de quien la hace (mandíbula, cuello, rodillas), el ángulo de quien la recibe y quién controla la profundidad y el ritmo.
- Las posturas en las que manda quien la hace (de rodillas, al borde de la cama, de lado) son el mejor punto de partida: evitan las arcadas y le permiten a ella marcar el ritmo.
- Las posturas en las que manda quien la recibe (por encima, cabeza fuera de la cama) son más intensas y profundas, pero exigen acordar antes un sistema de señales claro.
- Un cojín bajo las rodillas o las caderas soluciona el 90 % de las molestias, y la comodidad es lo que hace posible una felación larga y sin prisas.

La postura importa porque decide tres cosas a la vez: lo cómoda que está quien la hace, el ángulo del cuerpo de quien la recibe y quién controla la profundidad y el ritmo. La comodidad determina cuánto dura; el ángulo, cómo se siente, y el control, lo seguros y relajados que están los dos. Cambia cualquiera de esas tres cosas y la misma boca haciendo lo mismo se siente completamente distinta.
El sexo oral no es cosa de unos pocos. En un estudio nacional probabilístico con 5865 estadounidenses, los investigadores comprobaron que el sexo oral era una de las prácticas en pareja más habituales: lo había practicado en el último año una clara mayoría de adultos de entre veintitantos y cuarenta y tantos (Herbenick et al., Journal of Sexual Medicine). Muchas parejas nos cuentan que la diferencia entre un sexo oral «normalito» y uno inolvidable nunca fue la técnica. Fue que uno de los dos por fin dejó de aguantar a duras penas una postura incómoda y se acomodó de verdad.
Antes de entrar en detalles, aquí tienes el mapa de un vistazo:
| Postura | Ideal para | Quién controla la profundidad | Esfuerzo de quien la hace |
|---|---|---|---|
| 1. De rodillas | Impacto visual, juegos de poder | Quien la hace | Medio (rodillas) |
| 2. El trono | Principiantes, sesiones largas | Quien la hace | Bajo |
| 3. Domingo perezoso | Mañanas tranquilas, comodidad | Quien la hace | Muy bajo |
| 4. Entre las piernas | Contacto visual, sensación clásica | Quien la hace | Medio (cuello) |
| 5. De rodillas con apoyo | Aliviar rodillas y cuello doloridos | Quien la hace | Bajo |
| 6. A cuatro patas | Energía salvaje, manos de él libres | Compartido | Medio |
| 7. Cabeza fuera de la cama | Ángulos más profundos, intensidad | Quien la recibe | Bajo (pero avanzada) |
| 8. Por encima | Energía dominante, practicar la garganta profunda | Quien la recibe | Bajo |
| 9. 69 de lado | Dar y recibir a la vez | Compartido | Medio |
| 10. Tumbado con antifaz | Juego sensorial, expectación | Quien la hace | Bajo |
De rodillas es la postura de felación clásica: él de pie, ella arrodillada delante, y la imagen hace la mitad del trabajo antes de que su boca llegue a tocarle. Quien la hace controla por completo la profundidad y el ritmo, y quien la recibe disfruta de la vista más icónica de todo el repertorio.
Por algo aparece en todas las fantasías. Ella levanta la mirada. Él la baja. La diferencia de altura se convierte en una corriente entre los dos, y cada movimiento lento de ella parece una decisión, no una casualidad. Muchas parejas nos cuentan que es la postura que se siente más deliberadamente erótica, más una escena que un favor. Él puede apoyar las manos en su pelo, sin empujar, simplemente ahí, y la mayoría de quienes la hacen dicen que así se sienten deseadas, no dirigidas.
Prueba esto: pon una manta doblada o un cojín sexual mullido bajo sus rodillas. En un suelo duro, esta postura se acaba a los cuatro minutos. Con las rodillas bien acolchadas, ella puede quedarse ahí abajo hasta que sea él quien suplique.
En el trono, él se sienta en una silla o en el borde de la cama y ella se arrodilla entre sus rodillas. Es la postura de felación más fácil para principiantes: el cuello de ella se mantiene en una posición natural, tiene las manos libres y controla cada centímetro de profundidad sin forzar.
Siéntalo y algo cambia en la dinámica. Está en su trono, atendido y, al mismo tiempo, completamente a merced de ella. Ella puede rodear la base con una mano, apoyar la otra en su muslo y notar cómo se tensa cada músculo de su pierna mientras se toma su tiempo. Desde ahí tiene a su alcance el pecho, el vientre y los muslos, y unas uñas que suben despacio por la cara interna del muslo en plena faena harán que él se aferre al colchón.
Truco: el borde de la cama gana a una silla del comedor. Lo deja más bajo, así que ella no fuerza el cuello, y a él le da un sitio donde dejarse caer hacia atrás cuando los brazos dejen de responderle.

El domingo perezoso es una postura de felación tumbados: él se tumba boca arriba y ella se coloca en perpendicular o a su lado, con la cabeza apoyada en su vientre o en una almohada. Es la postura que menos esfuerzo exige de toda la lista y la mejor opción para mañanas lentas y sin prisas.
Es la postura de esa mañana en la que nadie tiene que ir a ningún sitio. Ella está medio recostada sobre él, con la mejilla cálida contra la parte baja de su vientre, y no hay ninguna prisa en nada de lo que hace. En esta postura, el ritmo lento no es una concesión: es justo la gracia. Él siente cada segundo sin prisa y, como ella está completamente cómoda, puede mantener ese ritmo desesperante mucho más tiempo del que permitiría cualquier postura de rodillas.
Muchas parejas nos cuentan que es la postura que da pie a las sesiones más largas de toda la lista, simplemente porque no duele nada. La comodidad es aguante.
Entre las piernas es el misionero del sexo oral: él se tumba boca arriba en la cama y ella se acomoda entre sus muslos, apoyada en los codos. Es una postura íntima, cara a cara cuando ella levanta la vista, que le regala a él una vista completa mientras ella mantiene todo el control.
Lo que la hace irresistible es el contacto visual. Ella recorre su cuerpo con la mirada hacia arriba y le sostiene la mirada justo cuando hace algo lento, y ver cómo se le desmorona la compostura en directo ya es una recompensa en sí misma. Las manos de él llegan a su pelo y a sus hombros; las de ella pueden sujetarle las caderas contra la cama cuando empieza a moverse demasiado. Ese pequeño gesto de inmovilizarlo, nos cuentan las parejas, suele ser el detalle que hace que esta postura pase de tierna a descaradamente sucia.
Prueba esto: que ella pase los brazos por debajo de sus muslos y tire de él hacia sí. El cambio de ángulo es pequeño, pero él notará al instante la intención que hay detrás.
De rodillas con apoyo resuelve los problemas de comodidad de las posturas 1 a 4: él se tumba boca arriba con las caderas elevadas sobre una cuña firme, mientras ella se arrodilla bien baja entre sus piernas, con los antebrazos apoyados. Al elevar las caderas de él, todo queda a la altura de la boca de ella, en lugar de obligarla a forzar el cuello.
La física es sencilla. Con sus caderas unos 15 centímetros más altas, la espalda de ella se mantiene recta, la mandíbula queda en un ángulo natural y la diferencia en su aguante es enorme. Un cojín sexual en cuña firme bajo sus caderas mantiene el ángulo sin esfuerzo, que es justo para lo que está pensado. Explicamos toda la geometría en nuestra guía del cojín sexual en cuña, y todo lo que contamos allí sirve también aquí.
Es la postura para la noche en que ella quiere desarmarlo despacio, pieza a pieza, sin que ni una sola molestia le rompa la concentración.

En A cuatro patas, ella se coloca a gatas sobre la cama mientras él está de pie junto al borde. Reduce la tensión en el cuello y la espalda de ella, deja las manos de él completamente libres y tiene una energía cruda y primitiva que ninguno de los dos confundirá con la rutina.
Esta no tiene nada de educada, y ahí está su encanto. Ella arquea la espalda, la mano de él encuentra la curva de su columna y la propia postura habla sucio por vosotros. Como él tiene las manos libres, puede recorrerle la espalda con las yemas de los dedos o agarrarle el hombro, y ella se siente deseada desde dos frentes a la vez. Además, el ángulo endereza de forma natural la garganta de ella, lo que facilita llegar más hondo sin forzar nada.
Truco: es la mejor postura de la lista para combinar con un juguete. Un pequeño vibrador de llevar puesto en ella mientras se ocupa de él convierte todo el montaje en un circuito de placer, y sus gemidos le llegan a él directamente a través de su boca.
Al borde es una postura de felación avanzada: ella se tumba boca arriba con la cabeza inclinada por fuera del borde de la cama mientras él permanece de pie. El ángulo invertido endereza la garganta, lo que permite una penetración más profunda, y le deja a él la mayor parte del control.
Es una postura a la que las parejas llegan con el tiempo, no por la que empiezan. Ella echa la cabeza hacia atrás, la habitación se pone del revés y los límites habituales cambian, porque el recorrido de la boca a la garganta se convierte en una sola línea recta. Para él, la vista y la sensación no se parecen a nada de esta lista. Para ella, la emoción está en la propia entrega: esa decisión deliberada de cederle el volante.
Dos reglas innegociables. Primera: acordad una señal física antes de empezar, porque ella tiene la boca ocupada: un toque en su muslo significa pausa; dos toques, parar. Segunda: él empieza siempre despacio y sin llegar hasta el fondo. En esta postura a ella se le sube la sangre a la cabeza, así que haced sesiones cortas y preguntadle a menudo cómo está.
La postura Desde arriba le da la vuelta al reparto habitual del poder: quien da se tumba boca arriba en la cama con la cabeza cerca del borde, y quien recibe se queda de pie o se inclina sobre ella y controla el ángulo y el ritmo desde arriba. Es la postura para las parejas a las que les gusta que su sexo oral tenga un punto de dominación y sumisión.
Aquí el morbo es tan psicológico como físico. Él marca el ritmo; ella se deja llevar. Para las parejas que ya se tienen confianza y un sistema de señales, ese intercambio de control puede ser lo más intenso de toda la lista. Ella tiene las manos libres para recorrerle los muslos o clavárselas cuando quiera que él note su reacción, y oírla perder la compostura es para él la mejor respuesta inmediata.
Si esta dinámica es lo vuestro, nuestra guía de juegos de poder para principiantes explica cómo fijar antes las reglas del juego, porque el control solo resulta sexy cuando se ha cedido con total claridad.

En el 69 de lado, los dos os tumbáis de costado, en direcciones opuestas y cada uno con la cabeza a la altura de las caderas del otro. Así podéis dar y recibir a la vez sin que nadie cargue peso sobre el cuello, por lo que se aguanta mucho más que el 69 clásico.
La magia de cualquier 69 está en ese circuito: lo que ella siente, él lo oye, y lo que él siente cambia lo que hace su boca a continuación. La versión de lado mantiene el circuito en marcha sin la tensión en el cuello que acorta el 69 clásico. Una almohada bajo cada cabeza y, de repente, una postura que suele durar tres minutos se convierte en el plato fuerte. En nuestra guía de posturas para el cunnilingus analizamos este mismo ángulo desde el lado de quien recibe: las dos guías se complementan como un espejo.
Un aviso que nos dan a menudo las parejas: el 69, en cualquiera de sus versiones, divide la atención. Algunas noches, ese placer compartido es justo lo que apetece. Otras, es mejor turnarse. Las dos opciones son perfectamente válidas.
Tumbado con antifaz es una variante de Entre las piernas basada en la privación sensorial: quien recibe se tumba boca arriba con un antifaz mientras quien da toma el control absoluto del ritmo, la presión y los tiempos. Sin la vista, todas las demás sensaciones se agudizan y la anticipación se alarga hasta convertirse en un placer en sí misma.
Ponle un antifaz suave y túmbalo boca arriba. Ahora cada caricia llega sin avisar. El calor de tu aliento es la única señal antes de que tu boca llegue, y como él no ve adónde vas a ir después, todo su cuerpo se pone a escuchar. Puedes detenerte diez segundos enteros y sentir cómo se tensa buscándote en la oscuridad. Esa pausa, más que cualquier técnica, es lo que él seguirá recordando dos días después.
Prueba esto: alterna temperaturas. Un sorbo de té caliente antes de seguir y, después, una exhalación lenta de aire fresco. Con los ojos tapados, esos pequeños contrastes estallan como fuegos artificiales.
Elige según la energía que tengáis, no según lo ambiciosos que os sintáis: las posturas cómodas en las que manda quien da (el Trono, Domingo perezoso, Entre las piernas) para noches lentas e íntimas, y las posturas en las que controla quien recibe (Al borde, Desde arriba) solo cuando los dos queráis intensidad y hayáis acordado las señales. La comodidad de quien da debería marcar la opción por defecto, porque un cuello dolorido acaba con la noche antes de tiempo, por muy excitante que sea el ángulo.
Una regla sencilla a la que siempre volvemos: elige la postura para los diez primeros minutos, no para el final. La mayoría de las parejas cambian una vez a mitad de la sesión, normalmente de una postura cómoda para empezar a otra más intensa a medida que sube la temperatura. Empezar a lo grande y tener que recular a algo cómodo corta el rollo; empezar cómodos e ir a más lo alimenta. Si la noche va de provocar y crear tensión, empezad con el antifaz. Si va de que ella lo deshaga por completo, el Trono. Y si nadie quiere mover ni un músculo de más, Domingo perezoso existe justo para eso.
La mandíbula cansada y las arcadas suelen ser más un problema de postura que de técnica: cambia a una postura en la que controle quien da, rodea la base con una mano para limitar la profundidad y baja el ritmo. Solo con usar la mano como tope se evitan casi todas las arcadas, porque pone un límite físico justo donde ella lo marca.
Nadie lo hace bien estando incómodo, y forzarse es la forma más rápida de que el sexo oral se convierta en una obligación en lugar de un regalo. Las soluciones, por orden: su puño alrededor de la base como amortiguador, una pausa con caricias lentas con la mano mientras descansa la mandíbula, un cambio a Domingo perezoso y, por último, simplemente parar un rato para besaros. Mientras tanto, lo que le toca a quien recibe es tener paciencia. Las parejas nos cuentan a menudo que los hombres que nunca meten prisa son los que disfrutan de las sesiones más largas y entusiastas, algo que no debería sorprender a nadie.
Y si los ángulos más profundos os atraen de verdad a los dos, id llegando a ellos a lo largo de semanas, no de minutos. La postura del borde premia la paciencia. Y castiga la fuerza.
La intimidad en el sexo oral nace de la atención mutua, no de la técnica: contacto visual en las posturas que lo permiten, respuestas verbales y físicas de quien recibe y un ritmo sin prisas que dice que quien lo hace quiere estar ahí. Lo que más mata la intimidad es que quien recibe se quede callado e inmóvil y deje a quien lo hace actuando para el vacío.
Haz ruido. Di su nombre. Deja que tus manos descansen en su pelo como si fuera algo valioso, porque lo es. Las parejas que describen el sexo oral como uno de los mejores momentos de su intimidad, y no como un trámite, son siempre aquellas en las que quien recibe se mantiene presente y receptivo de principio a fin. Los preliminares también suman: un comienzo lento a partir de nuestras ideas de preliminares a fuego lento hace que la postura final se sienta como un destino y no como una línea de salida. Y cuando os apetezca intercambiar los papeles por completo, las técnicas de felación que combinan con estas posturas tienen su propia guía completa.

La postura del borde es la mejor para la garganta profunda porque, al inclinar la cabeza hacia atrás por el borde de la cama, la boca y la garganta quedan alineadas en línea recta, lo que resta fuerza al reflejo nauseoso. Es solo para expertos: acordad antes unas señales con toques, empezad sin profundizar y dejad que quien lo hace controle cada aumento de profundidad.
Aquí la anatomía hace el trabajo duro. En la mayoría de posturas, la garganta forma un ángulo con la boca, así que más profundidad significa presión, y la presión, arcadas. Inclina la cabeza hacia atrás y esa curva se endereza; por eso los tragasables usan exactamente el mismo truco. Avanzad de una sesión a otra, nunca dentro de la misma, y que ella tenga las manos libres para frenarle empujando sus caderas. Un cojín sexual firme bajo sus hombros ajusta la inclinación para que su cuello descanse en lugar de forzarse.
Para las parejas a las que les excita el intercambio de poder que tiene jugar con la profundidad, esto combina de forma natural con una sujeción ligera: sus muñecas en unas esposas suaves de un kit de bondage para principiantes garantizan que él no pueda empujar, lo que da a quien lo hace el control total y, paradójicamente, os permite relajaros a los dos para llegar más lejos.
Nunca se trató de encontrar una postura más sofisticada. Se trataba del mensaje que envía cada postura: arrodíllate y ofreces, siéntalo en el trono y lo reclamas, ponle un antifaz y prometes. La boca hace el trabajo, pero la geometría es la que habla. Elige la que diga lo que de verdad quieres decir esta noche, poneos lo bastante cómodos para quedaros un buen rato, y el clásico de siempre dejará de ser el de siempre.
Empieza esta semana con una postura nueva. No con las diez. Con una, sin prisas y con toda tu atención. Así se construyen los repertorios, y las reputaciones.
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Otras preguntas frecuentes
¿Cuál es la postura más cómoda para quien da?
La comodidad suele depender más del apoyo y la variedad que de una postura perfecta. A mucha gente le funciona tumbarse de lado con una almohada, o que la otra persona se recueste mientras se arrodilla, para mantener relajados el cuello y la mandíbula. Alternar dos o tres posturas durante el encuentro evita que una sola parte del cuerpo acabe agotada.
¿Cómo evitar la tensión en el cuello y la mandíbula?
Mantén el cuello alineado, sin estirarlo hacia delante, usa una almohada para quedar a una altura cómoda y deja que las manos compartan el trabajo para que no todo recaiga en la boca. Parar para recolocarte o cambiar de postura cuando un músculo se cansa es normal y hace que la experiencia sea relajada y no tensa.
¿Influye la postura en la comodidad de los dos?
Sí. Con la colocación adecuada, quien da puede estar relajado y quien recibe también disfruta de un ángulo cómodo. Una superficie que sujete bien, una almohada para ajustar la altura y hablar abiertamente del ritmo ayudan a que os acomodéis los dos. La postura más cómoda es aquella en la que ambos podéis relajaros sin forzar.